Los fundamentos
Lo que empuja el barco cuando no quieres: el efecto de la hélice, el viento, la arrancada, la corriente, y lo que cambia el tipo de barco. Se entiende una vez y sirve en cada maniobra.
El viento y la obra muerta
En puerto, el barco va despacio y el viento pesa mucho. Empuja sobre todo la proa, alta y poco hundida: la proa cae a sotavento y, en marcha atrás, la popa busca el viento. Todo lo demás se deriva de ahí.
Leer la guíaEl efecto de la hélice
Una hélice no se limita a hacer avanzar o retroceder el barco: también empuja la popa hacia un costado. En marcha atrás, con el barco parado, ese efecto manda casi en solitario. Más vale conocerlo que sufrirlo.
Leer la guíaLa arrancada
Un velero no tiene freno. En punto muerto sigue con su impulso, y solo gobierna mientras el agua pase por la pala del timón. Toda la maniobra en puerto cabe entre esos dos límites: arrancada suficiente para gobernar, pero no tanta que no puedas parar.
Leer la guíaLa corriente
La corriente arrastra toda el agua que rodea el barco, y el barco con ella. El timón solo nota la velocidad sobre el agua; el muelle solo ve la velocidad sobre el fondo. Maniobrar proa a la corriente es ganar la primera sin pagarlo en la segunda.
Leer la guíaLo que cambia el barco
Dos veleros de la misma eslora pueden maniobrar de forma muy distinta en puerto. La posición de la hélice, el número de timones, la forma de la quilla, el tipo de timón y la hélice de proa cambian lo que funciona y lo que no.
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